En los últimos años, he sido testigo del impacto de la alimentación en mi entorno.
Seguir dietas que implican un control rígido de la alimentación tiene efectos no solo en el cuerpo, sino también en la autoestima.
Fue entonces cuando comencé a interesarme por la atención plena aplicada a la alimentación.
Aprendí que la atención plena consiste en concentrarse en el momento presente, en vivir cada instante plenamente.
Me pareció una filosofía de vida tranquila y compasiva. Al practicar la atención plena, comencé a saborear cada bocado y a estar verdaderamente presente durante mis comidas. Comer con atención plena es disfrutar del momento en que alimentamos nuestro cuerpo mientras calmamos nuestra mente.
Nuestra mente funciona en diferentes niveles. Gran parte de nuestros hábitos, automatismos y reacciones se establecen sin que seamos plenamente conscientes de ello. Este es el caso de ciertos comportamientos alimentarios, a menudo influenciados por nuestras emociones, nuestro estrés o nuestras experiencias pasadas.
Comprendí que al desarrollar la atención plena, es posible tomar más distancia frente a estos automatismos. Al ser más consciente de mis sensaciones, mis emociones y mis verdaderas necesidades, poco a poco aprendí a gestionar mejor mis antojos y a recuperar una relación más serena con la comida.
Aplicar la atención plena durante las comidas ha transformado mi relación con la comida.
Esto es lo que aprendí:
- Actuar sobre el subconsciente a través de los sentidos: comencé a apreciar la vista, el olor y el sabor de mis platos, lo que ayudó a calmar mi subconsciente.
- Dominar mis impulsos alimentarios: al liberar las emociones negativas y estar plenamente presente en el acto de comer, aprendí a controlar mis antojos.
- Comer menos: el placer de los primeros bocados me permitió sentirme saciada más rápidamente.
- Comer más despacio y masticar más: esto mejoró mi digestión.
También exploré la alimentación intuitiva, que se basa en escuchar las necesidades del cuerpo.
Aunque es diferente, este enfoque complementa la atención plena. Al combinar estos dos métodos, pude comprender mejor mis sensaciones de hambre y saciedad, y así responder mejor a las necesidades de mi cuerpo.
Aquí hay varios consejos:
- Apagar las pantallas: comer sin distracciones me permitió concentrarme plenamente en mis alimentos.
- Comer despacio: esto me ayudó a conectarme mejor con mis sensaciones de hambre y saciedad.
- Disfrutar: preparar platos coloridos y sabrosos hizo que mis comidas fueran más agradables y satisfactorias.
Además de contar con el apoyo de un coach en nutrición, puedes incorporar varios ejercicios en tu rutina diaria:
- Beber agua por la mañana para despertar mi cuerpo suavemente.
- Alimentar mi mente con pensamientos positivos cada mañana para reforzar mi autoestima.
- Calmar mi subconsciente a través de actividades creativas como la escritura y la lectura.
- Hacer ejercicios de respiración para centrarme y recuperar energía.
- Practicar la visualización por la noche para relajarme antes de dormir.
- Hacer ejercicio físico por la mañana en ayunas para reconectar mi cuerpo y mi mente.
Adoptar la atención plena en mi alimentación ha sido una revelación. Este enfoque me ha ayudado a transformar mi relación con la comida y conmigo misma. Me siento más tranquila, más en control de mis antojos y más conectada con mi cuerpo. Recomiendo a todos aquellos que buscan un método compasivo y duradero que se dirijan hacia la atención plena.
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